miércoles, 19 de agosto de 2026

Los muñecos anatómicos como instrumentos de ayuda en la entrevista de niños abusados sexualmente

 

Marte Ortiz Carlos Manuel. Msc.

Psicólogo clínico / Neurocriminológo

psiclinicomarte@gmail.com

Género, Hospital Provincial Dr. Pedro Emilio de Marchena.

Monseñor Nouel, República Dominicana

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2158-5717

El abuso sexual infantil constituye un problema de especial complejidad para la psicología forense debido a que, en numerosos casos, la declaración del niño o adolescente representa una de las principales fuentes de información sobre el hecho investigado. Esta circunstancia exige que la entrevista sea diseñada para maximizar la obtención de información espontánea, detallada y verificable, al mismo tiempo que se reduzca el riesgo de sugestión, contaminación del recuerdo y sobreinterpretación. En la República Dominicana, esta exigencia debe comprenderse dentro del marco de protección integral de niños, niñas y adolescentes establecido por la Ley núm. 136-03 y del marco penal vigente. El principio del interés superior del niño no debe entenderse como una reducción de los estándares científicos de la prueba; por el contrario, exige procedimientos capaces de proteger al menor y, simultáneamente, preservar la calidad de la información obtenida.

Dentro de este contexto se encuentran los muñecos anatómicamente detallados, utilizados históricamente como recursos auxiliares en entrevistas y evaluaciones de menores con sospecha de abuso sexual. Su fundamento práctico consiste en proporcionar una representación corporal que pueda facilitar la comunicación cuando el lenguaje verbal resulta limitado, ambiguo o emocionalmente difícil. Sin embargo, debe establecerse desde el inicio una distinción fundamental: que un recurso facilite la comunicación no significa que posea validez diagnóstica ni que permita demostrar por sí mismo la ocurrencia de un delito. El problema científico central, por tanto, no consiste únicamente en determinar si el niño puede interactuar con el muñeco, sino en establecer qué inferencias válidas pueden realizarse a partir de esa interacción.

La literatura científica ha mostrado resultados heterogéneos. Algunos trabajos tempranos señalaron que el uso de muñecos podía favorecer la obtención de información adicional en determinados grupos de niños. Por ejemplo, Leventhal et al. (1989) observaron que algunos menores aportaban más información cuando los muñecos eran incorporados a la entrevista, aunque los niños menores de tres años continuaban presentando importantes limitaciones para proporcionar detalles. Posteriormente, Faller (2005) planteó que su utilización selectiva podía justificarse como ayuda comunicativa cuando el niño era reticente o tenía dificultades para describir verbalmente determinadas experiencias. Estas conclusiones, sin embargo, no equivalen a afirmar que las conductas realizadas con los muñecos constituyan indicadores específicos de abuso sexual.

La principal dificultad aparece cuando se transforma una conducta observada en una conclusión sobre el hecho investigado. Un niño puede señalar, tocar o representar una conducta sexual mediante un muñeco y, aun así, esa conducta no demostrar de manera independiente que haya ocurrido un abuso. Bruck et al. (2000), al estudiar el uso de muñecos anatómicamente detallados en niños pequeños, encontraron que podían producirse errores de comisión y demostraciones genitales que no correspondían necesariamente con experiencias reales. Poole y colaboradores también han señalado que la evidencia experimental y aplicada no muestra de forma consistente que los muñecos mejoren la exactitud de los relatos y han advertido que determinados usos pueden incrementar el riesgo de reportes erróneos. Por ello, la conducta con el muñeco debe considerarse un dato que requiere interpretación contextual y nunca una prueba autónoma de victimización.

Desde una perspectiva epistemológica, resulta imprescindible diferenciar entre observación, interpretación e inferencia. La observación corresponde a lo que efectivamente ocurrió durante la entrevista, la interpretación intenta asignar significado psicológico a esa conducta, y la inferencia forense relaciona ese significado con una hipótesis sobre el hecho investigado. El problema surge cuando se produce un salto injustificado entre estos niveles. Por ejemplo, observar que un niño representa contacto genital constituye un dato conductual; interpretar que comprende la anatomía constituye una inferencia distinta; concluir que la conducta demuestra que fue víctima de abuso constituye una inferencia todavía más amplia. Cada paso requiere evidencia adicional y, especialmente, consideración de hipótesis alternativas.

En consecuencia, la validez inferencial de los muñecos debe analizarse mediante preguntas de especificidad y de hipótesis alternativas. Una conducta tiene escaso valor discriminativo cuando puede aparecer tanto en niños abusados como en niños que no han sufrido abuso. Entre las explicaciones alternativas de una conducta sexualizada pueden encontrarse la curiosidad evolutiva, la exploración corporal, la exposición previa a contenidos sexuales, el aprendizaje, experiencias médicas, el juego, la comprensión de la tarea, las instrucciones recibidas y la influencia de la propia entrevista. Esto significa que la presencia de una conducta no puede interpretarse de forma aislada. El razonamiento forense debe preguntarse qué hipótesis explica mejor el conjunto de la evidencia disponible y qué información independiente permite discriminar entre ellas.

Otro factor crítico es la sugestibilidad: El riesgo no depende exclusivamente del muñeco, sino de la interacción entre el material, el entrevistador, el tipo de pregunta, el contexto y las características evolutivas del menor. Ceci y Bruck (1995) demostraron la vulnerabilidad de los niños ante procedimientos sugestivos, mientras que Poole y Lamb (1998) destacaron la necesidad de minimizar preguntas directivas y de privilegiar procedimientos que permitan al niño aportar información en sus propios términos. Por ello, una ayuda anatómica utilizada después de una revelación espontánea y con finalidad estrictamente aclaratoria constituye una situación metodológicamente diferente de introducir el material para sugerir una conducta que el niño no ha mencionado.

La evidencia contemporánea refuerza la necesidad de situar cualquier recurso auxiliar dentro de una entrevista forense estructurada. Fernandes et al., (2024), en una revisión de alcance que identificó 30 procedimientos de entrevista forense, encontraron que el protocolo NICHD era el procedimiento más representado y que las entrevistas comparten una estructura centrada en preparación, rapport, entrenamiento de memoria episódica, recuerdo libre, preguntas de seguimiento y cierre. Más recientemente, Fernandes et al., (2026), mediante una revisión sistemática de 93 estudios, concluyeron que los procedimientos estandarizados muestran mayor utilización de buenas prácticas y que el NICHD, especialmente su versión revisada, cuenta con la evidencia más sólida de eficacia. Estos resultados no demuestran que todo recurso anatómico sea inútil, pero sí sitúan la calidad de la entrevista como el elemento metodológico prioritario.

Por tanto, la pregunta pertinente no debería formularse como si los muñecos anatómicos fueran instrumentos válidos o inválidos en términos absolutos. Una formulación científicamente más precisa sería determinar en qué condiciones pueden aportar información comunicativa adicional y cuáles son los límites de esa información. Su posible utilidad es mayor cuando se emplean de forma selectiva, después de haber ofrecido oportunidades suficientes para el recuerdo libre, cuando el niño presenta una necesidad comunicativa concreta y cuando el entrevistador evita interpretar el juego o la conducta simbólica como evidencia diagnóstica. En contraste, su utilización como prueba conductual de abuso, especialmente acompañada de preguntas sugestivas, presenta un riesgo elevado de sobreinterpretación.

En el contexto dominicano, esta cautela adquiere una dimensión jurídica y ética particular. La Ley núm. 136-03 establece el interés superior del niño como principio de obligatorio cumplimiento y exige ponderar sus derechos y garantías en las decisiones que le conciernen. A su vez, la Ley núm. 74-25 establece el marco penal vigente para las agresiones sexuales y sus circunstancias agravantes. La protección efectiva del menor exige entonces evitar dos errores opuestos: minimizar una revelación válida por ausencia de evidencia física o convertir una conducta ambigua producida durante una entrevista en una conclusión de culpabilidad. La psicología forense debe contribuir a reducir ambos riesgos mediante procedimientos estandarizados, documentación rigurosa, formación especializada y una clara delimitación de lo que los datos permiten afirmar.

En síntesis, los muñecos anatómicos pueden comprenderse como recursos auxiliares de comunicación y no como pruebas diagnósticas autónomas de abuso sexual. La evidencia disponible no permite atribuir especificidad suficiente a las conductas observadas con estos materiales como para utilizarlas, por sí solas, para establecer la existencia de una agresión sexual. Su valor potencial depende del objetivo de uso, la edad y características del menor, el contexto de entrevista, la ausencia de sugestión y la integración de la información con otras fuentes independientes. Desde una perspectiva basada en evidencia, el estándar de calidad debe estar determinado por la validez de las inferencias, no por la aparente riqueza o dramatización de la conducta observada.

Por ello, la práctica forense responsable debería seguir una lógica de mínima sugestión y máxima trazabilidad: comenzar con preguntas abiertas y recuerdo libre; adaptar la entrevista al nivel evolutivo y comunicativo del menor; utilizar ayudas solamente cuando exista una justificación concreta; registrar de forma íntegra la interacción; distinguir claramente entre conducta observada e interpretación; considerar hipótesis alternativas; y evitar conclusiones que excedan la evidencia. El verdadero valor de los muñecos anatómicos no reside en convertirlos en detectores de abuso, sino, en determinadas circunstancias, en facilitar una comunicación que posteriormente deberá ser evaluada mediante criterios científicos y forenses independientes. De esta manera, la protección del niño y el rigor probatorio dejan de ser objetivos contrapuestos y se convierten en exigencias complementarias de una misma práctica forense.


 Referencias

Bruck, M., Ceci, S. J., & Francoeur, E. (2000). Children's use of anatomically detailed dolls to report genital touching in a medical examination: Developmental and gender comparisons. Journal of Experimental Psychology: Applied, 6(1), 74–83. https://doi.org/10.1037/1076-898X.6.1.74

Ceci, S. J., & Bruck, M. (1995). Jeopardy in the courtroom: A scientific analysis of children's testimony. American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/10181-000

Faller, K. C. (2005). Anatomical dolls: Their use in assessment of children who may have been sexually abused. Journal of Child Sexual Abuse, 14(3), 1–21. https://doi.org/10.1300/J070v14n03_01

Fernandes, D., Gomes, J. P., Albuquerque, P. B., & Matos, M. (2024). Forensic interview techniques in child sexual abuse cases: A scoping review. Trauma, Violence, & Abuse, 25(2), 1382–1396. https://doi.org/10.1177/15248380231177317

Fernandes, D., Gomes, J. P., Matos, M., & Albuquerque, P. B. (2026). The effectiveness of forensic interview procedures in child sexual abuse cases: A systematic review. Journal of Child Sexual Abuse. Advance online publication. https://doi.org/10.1080/10538712.2026.2681210

Lamb, M. E., Orbach, Y., Hershkowitz, I., Esplin, P. W., & Horowitz, D. (2007). A structured forensic interview protocol improves the quality and informativeness of investigative interviews with children: A review of research using the NICHD Investigative Interview Protocol. Child Abuse & Neglect, 31(11–12), 1201–1231. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2007.03.021

Leventhal, J. M., Hamilton, J., Rekedal, S., Tebano-Micci, A., & Eyster, C. E. (1989). Anatomically correct dolls used in interviews of young children suspected of having been sexually abused. Pediatrics, 84(5), 900–906.

Poole, D. A., & Lamb, M. E. (1998). Investigative interviews of children: A guide for helping professionals. American Psychological Association. https://doi.org/10.1037/10301-000

Poole, D. A., & Dickinson, J. J. (2011). Forensic interviewing aids: Do props help children answer questions about touching? Current Directions in Psychological Science, 20(1), 11–15. https://doi.org/10.1177/0963721410393262

República Dominicana. Congreso Nacional. (2003). Ley núm. 136-03 que crea el Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes. Gaceta Oficial No. 10234.

República Dominicana. Congreso Nacional. (2025). Ley núm. 74-25 Orgánica que instituye el Código Penal de la República Dominicana. Gaceta Oficial.

lunes, 15 de junio de 2026

Lesiones psíquicas y secuelas emocionales debido a delitos violentos

Carlos M. Marte, M.A
Psicológo clínico-forense, neurocriminólogo

                                                 Nota: imagen tomada de Nieto Lara, abogados 

Uno de los principales debates conceptuales dentro de la psicología forense gira entorno a diferenciar entre lesiones psíquicas de secuelas emocionales. En este sentido, como referente señalo lo planteado por Echeburùa et al., (2002): Las lesiones psicológicas hacen referencia a las alteraciones emocionales y cognitivas inmediatas o recientes producidas por el hecho violento, que tiende a manifestarse de diversas maneras, a través de ansiedad aguda o ataque de pánico, un temor intenso que se traduce en angustia psicológica, alteraciones del sueño, hipervigilancia, reexperimentación traumática, síntomas depresivos o indicadores de estado de ánimo deteriorado disminución de la autoestima entre otros. Estas lesiones pueden ser reversibles y responder de manera favorable a procesos psicoterapéuticos tempranos. En lo contrario, cuando se habla de secuelas emocionales, estas implican una estabilización o cronificación del daño, por lo que tiende a provocar modificaciones persistentes en la personalidad, interferir en el funcionamiento social, laboral o afectivo de la persona violentada. Por tanto, en términos forenses, esta diferenciación posee gran relevancia jurídica, debido a que las secuelas psicológicas suelen asociarse con incapacidades a largo plazo o permanentes, indemnizaciones y valoración del impacto duradero del delito violento. En República Dominicana el daño mental se sanciona con el mismo rigor que el daño físico. El nuevo Código Penal de la Rep. Dom. Que se instituye bajo la Ley No. 74-25 castiga los daños, sufrimiento psíquico, y secuelas emocionales de manera directa en su articulado sobre tortura, actos de barbaries y violencia intrafamiliar.

Aclarado ambos conceptos y su alcance en Rep. Dom. para abordar el proceso de evaluación del daño, desde un punto de vista crítico, es importante tomar en cuenta que como psicólogo forense resulta complejo y problemático reducir las lesiones psíquicas solamente a la presencia de una categoría diagnóstica o diagnóstico psicopatológico. Cada individuo responde al trauma de manera diferente, en muchos de los casos, usualmente las víctimas tienden a experimentar deterioro significativo en su funcionamiento diario, con sufrimiento real, pero sin necesidad de que se cumplan categóricamente todos los criterios diagnósticos que se establecen en los distintos manuales de clasificación diagnóstica (Echeburúa y Muñoz, 2016)., a modo de mención, por ejemplo; el manual Estadístico de los Trastorno Mentales, hoy día en su última versión (DSM-5-TR) de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) y  el manual de Clasificación Internacional de Enfermedades, también en su última versión (CIE-11), de la Organización Mundial de la Salud. Esta situación obliga al psicólogo forense a desarrollar una evaluación integral que contemple no solo categorías clínicas, sino también prestar atención al impacto subjetivo, social y funcional del trauma. Tal como plantean Arce y Fariña (2005), el daño psíquico debe comprenderse desde una perspectiva biopsicosocial y contextual, evitando interpretaciones mecanicistas o exclusivamente psicométricas, desde esta perspectiva, conviene tomar en cuenta los criterios expuestos por Muller y Cordonnier (1925; citados por Criado del Río, 1994) tales criterios como; etiológico, topográfico, cronológico, cuantitativo y de continuidad sintomática.

En este sentido, en su abordaje, uno de los mayores desafíos en la evaluación del daño psicológico es distinguir entre respuestas emocionales normales y esperadas ante eventos anormales y verdaderos cuadros psicopatológicos provenientes del trauma. Por lo que insisto, no toda reacción emocional intensa constituye necesariamente un trastorno mental. Después de un delito violento surgen respuestas esperadas asociadas al evento o acontecimiento traumático, entre las que se pueden destacar la aparición transitoria de ansiedad, el temor y angustia, la tristeza y la desesperación, sentimientos negativos, y es aquí donde se pone en evidencia la expertise del psicólogo forense, quien debe determinar cuándo dichas respuestas exceden los límites adaptativos y se convierten en una afectación clínicamente significativa. Y justamente, esta distinción exige elevada competencia técnica y ética, puesto que una maximización del daño, por un lado, puede generar importantes sesgos judiciales y, por otro lado, su minimización puede revictimizar (victimización secundaria) a la víctima.

Por tanto, retomando la interrogante inicial de las distintas formas de abordarlo, en el proceso de evaluación del daño psicológico indiscutiblemente debe abordarse mediante una metodología multimétodo y multifuente. En donde se incluye la herramienta más poderosa del proceso que viene siendo la entrevista clínico-forense, la misma constituye el eje central del proceso evaluativo, debido a que permite explorar antecedentes personales, historia previa de salud mental, características del hecho traumático, síntomas actuales y residuales, estrategias de afrontamiento y afectación funcional. Claro está, la entrevista por sí sola resulta insuficiente, por tanto, es necesario complementarse con pruebas psicométricas validadas científicamente y diseñada para contextos forenses, así como la observación conductual, análisis documental y contraste de información colateral (Arce y Fariña, 2005; Echeburúa et al., 2002). A modo de conocimiento, entre los instrumentos más utilizados se encuentran escalas de trauma, ansiedad, depresión, disociación y personalidad, resalto nuevamente siempre interpretadas dentro del contexto forense y no únicamente clínico, pues ambas interpretaciones tanto clínica como forense tienen finalidades diferentes.

Otro punto importante, la evaluación consiste en el análisis de causalidad. El psicólogo forense debe responder si el daño identificado guarda o no relación directa con el delito violento o si existen variables previas que expliquen parcial o totalmente la sintomatología observada, en este aspecto, López y Gibert (1963) lo señalan como concausas, en las que clasifican diferentes tipos de concausas (preexistentes, concurrentes o contemporáneas y consecutivas o subsiguientes). Esto requiere evaluar factores predisponentes, vulnerabilidades psicológicas, antecedentes psicopatológicos y eventos estresores concurrentes, es ahí donde entra la riqueza de la entrevista clínica-forense. Desde el foco jurídico-forense, la causalidad psicológica rara vez es lineal o absoluta, generalmente se configura de manera multifactorial. Por tanto, el dictamen pericial debe evitar afirmaciones categóricas y reconocer los límites epistemológicos de la evaluación psicológica.

Por otro lado, en el proceso de evaluación del daño psicológico, también es relevante que se considere el fenómeno de simulación o exageración de síntomas, especialmente en escenarios judiciales donde pueden existir beneficios secundarios asociados a indemnizaciones, procesos penales o litigios civiles. Sin embargo, es importante entender que, abordar esta posibilidad exige extrema prudencia ética, como se mencionó anteriormente, evitando asumir automáticamente que la víctima exagera o fabrica síntomas. La evaluación de la credibilidad clínica debe sustentarse en indicadores científicos, consistencia narrativa, coherencia psicométrica y análisis contextual, nunca en prejuicios subjetivos del perito evaluador.

Referencias bibliográficas

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing. https://www.psychiatry.org/

Arce, R., y Fariña, F. (2005). Peritación psicológica de la credibilidad del testimonio, la huella psíquica y la simulación: El sistema de evaluación global (SEG). Papeles del Psicólogo, 26(92), 59-77. https://www.redalyc.org/comocitar.oa?id=77809202

Criado, M. T. (1994). Valoración médico-legal del daño a la persona por responsabilidad civil. Madrid. Mapfre, S.A.

Echeburúa, E, y Muñoz, J. M (2017). Boundaries between psychological intimate partner violence and dysfunctional relationships: psychological and forensic implications. Anales de Psicología, 33(1), 18-25. https://dx.doi.org/10.6018/analesps.33.1.238141

Echeburúa, E., De Corral, P., y Amor, P. J. (2002). Evaluación del daño psicológico en las víctimas de delitos violentos. Psicothema, 14(Supl.), 139-146. https://reunido.uniovi.es/index.php/PST/article/view/7971

López, L. y Gisbert, J. A. (1963). Tratado de medicina legal. Valencia.

República Dominicana. Congreso Nacional. (2025). Ley núm. 74-25 Orgánica que instituye el Código Penal de la República Dominicana. Gaceta Oficial.

Organización Mundial de la Salud. (2022). Clasificación Internacional de Enfermedades para Estadísticas de Mortalidad y Morbilidad (11.ª revisión). Organización Mundial de la Salud. https://icd.who.int/es


lunes, 15 de abril de 2024

Breve análisis del Sistema Penitenciario Colombiano: Un acercamiento a la realidad del sistema.

Carlos M. Marte, M.A
Psicólogo clínico/Neurocriminólogo 

El presente análisis se basa en la apreciación de diferentes documentales, así como también de la revisión de diversas literaturas que tratan el tema en cuestión; buscar una palabra que resulte exacta para definir el sistema penitenciario colombiano obliga a referenciar un conjunto de calificativos puramente negativos, que dejan en una muy mala posición al Estado en cuestión de política criminal, penitenciaria y penal. Pues justamente, el sistema penitenciario colombiano es precario, inhumano, discriminante que arrebata toda dignidad humana, los derechos humanos y los derechos penitenciarios de cada recluso. 

El nivel de hacinamiento es totalmente deplorable. Son diversos los elementos que desfavorecen el sistema penitenciario en Colombia, uno es la sobrepoblación penitenciaria, y ésta es producto al aumento de la delincuencia y faltas de políticas preventivas del delito. Esto se atribuye a lo expresado por Arenas y Cerezo (2016), ‟la respuesta de los poderes públicos a la lucha contra la delincuencia es la imposición de penas privativas de libertad extensas, cuyas consecuencias más directas son la sobrecarga de las agencias de control y un aumento de la población penitenciaria” (p.177). 

Como resultado de esta sobrepoblación los distintos recursos que se destinan al sistema penitenciario llegan a ser insignificantes o insuficientes ya que no cubren las necesidades exigidas en cada centro penitenciario, esto implica entonces que el incremento de la población penitenciaria intensifique el hacinamiento, aumento de posible corrupción administrativa carcelaria, mayor riesgo de violencia y muerte, ya que la inseguridad toma una primera posición en la convivencia y clima carcelario, debido a la escasez de guardias u oficiales penitenciarios, así como también contribuye a una elevada probabilidad de contraer enfermedades. Y todo esto, es porque en la actualidad, la delincuencia es el síntoma de una carencia estructural desigualitaria que genera pobreza y marginación social, estas son realidades que aumentan los índices de violencia y de éste modo, se ve reflejado en las instituciones penitenciaria. 

Otro elemento que denigra el sistema penitenciario colombiano son las infraestructuras, estas se describen tomando en consideración los centros existentes en la red penitenciaria y su año de construcción. Y ésta va muy alineado a la capacidad poblacional penitenciaria, así como también al problema de la sobrepoblación mencionado anteriormente, el cual se evidencia en el reportaje sobre Encarcelados: Cárcel La modelo Colombia, ‟se incluyen más de 6,000 internos, cuando la infraestructura es construida para 3,000”, ósea, más de la mitad, los cuales dificulta el control de los mismos, así como también atribuye al rápido deterioro progresivo de los espacios del centro, como producto de la falta de mantenimiento, amotinamientos, peleas, luchas de territorios, intentos de fugas etc.

Los elementos mencionados hasta aquí representan indicadores graves que conduce a un pronto colapso de las cárceles colombianas. A raíz de esto, surge de gran importancia cuestionar si las condiciones que definen este sistema penitenciario colombiano garantiza un tratamiento penitenciario que favorezca la reinserción de quienes delinquen, y permitan de ese modo reducir las probabilidades de reincidencia criminal. Pues, a modo personal, considero que no del todo, con la calidad de vida que viven estos reclusos se imposibilita una reeducación adecuada, pues carecen de programas penitenciarios fundamentales como, por ejemplo, aquellos que se contemplan en el sistema penitenciario español y  otros países. Lo que refiere que muchos de los reclusos que cumplen condena en Colombia sean reincidentes. 

Tomando en cuenta que la pena de prisión está dirigida a la resocialización del sujeto, y esto se logra mediante el tratamiento penitenciario que no es tan notorio en la realidad penitenciaria de Colombia. De igual modo lo afirma Ayzanoa (2019) a través del canal televisivo France 24, donde hace referencia en que basado en la realidad penitenciaria no se está cumpliendo el principio de reinserción. Aunado a esta realidad, otro de los elementos a señalar en esta población, es que no se evidencia distinción o servicio diferenciado por población delictiva, conviven todos juntos, sin importar su perfil criminal aunado a la tipología delictiva, o al menos según lo que el reportaje ha permitido visualizar, de igual forma lo expresan Arenas y Cerezo (2016) ‟preocupa la falta de separación entre los sindicados y condenados, así como la falta de servicios de salud física y mental para los internos” (p. 191). 

En cuanto a la otra cara de la población delictiva, en los centros penitenciarios para mujeres se evidencia un aumento mucho más significativo que los hombres en materia de reclusas, y aquí se atribuye una sobrecriminalización en el género femenino que obedece a las formas en cómo se penaliza según las normativas penales dentro del campo de la justicia, tomando en cuenta que la mayor parte de las reclusas no han cometidos delitos violentos, presentando en su mayoría un perfil de baja peligrosidad pero se les atribuye una pena que no se corresponde a la dimensión del delito. A esto se atribuye también la falta de implementación de políticas criminal con enfoque de género, que permitan un tratamiento penitenciario diferencial (del Pozo y Martínez, 2015). 

A raíz de todo lo mencionado, es recomendable que el Estado mejore las condiciones de los centros penitenciarios, y se le busque solución al problema de la sobrepoblación que tanto induce al hacinamiento, así como también investiguen los diversos casos de torturas y otros tratos de penas crueles, inhumanas y degradantes, que representan una clara violación al derecho internacional humanitario, acordado bajo el Pacto Internacional de derecho civiles y políticos de la ONU en el año 1966.

Referencias

Alzanoa, O.M. (2019). Mujeres y prisión en Colombia. [Video: Frances 24]. Arenas, L. & Cerezo, A. (2016). Realidad penitenciaria en Colombia: la necesidad de una nueva política criminal. Revista Criminalidad, 58 (2): 175-195.

Arenas, L. & Cerezo, A. (2016). Realidad penitenciaria en Colombia: la necesidad de una nueva política criminal. Revista Criminalidad, 58 (2): 175-195. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1794-31082016000200007

Rivicutfilm (26 febrero 2018). Encarcelado: Cárcel La Modelo Colombia. [Video: Youtube]. https://www.youtube.com/watch?v=Evw_0ejxXlw&t=94s

del Pozo, F. J. y Martínez, J. A. (2015). Retos del tratamiento penitenciario en Colombia: enfoque y acción diferencial de género desde la perspectiva internacional. Revista Criminalidad, 57 (1): 9-http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S1794

lunes, 23 de octubre de 2023

Peritaje psicológico forense: Errores comunes en la práctica pericial

Carlos M. Marte, M.A.
Psicólogo clínico - Neurocriminólogo

El trabajo del perito en materia de psicología forense permite ofrecer información que sirve de base en el proceso judicial, para la realización del mismo se exige que el profesional tenga formación en psicología forense o psiquiatría, pero esto puede variar según lo establezca las leyes que regula cada país. En el desarrollo del ejercicio, muchas veces el perito llega a cometer errores que pueden afectar directamente las conclusiones finales del peritaje, por lo que es importante evitarlo, a continuación, se hace mención de algunos de estos errores:

1. Una de las primeras cuestiones que el perito no debe de cometer es responder más de lo que se le pregunte, dar explicaciones de cosas que no es la cuestión del caso, a modo de querer favorecer o desfavorecer al imputado no es recomendable debido a que en este caso no se está siendo imparcial, y es importante entender que el perito dentro de su investigación debe tener claro que es el Juez quien fija claramente los términos sobre los que ha de versar la pericial, por tanto, el perito busca responder a través de informe pericial o dictamen lo solicitado por la autoridad judicial, por lo que no se sugiere salirse de dichos límites.

2. No estudiar el expediente. En definitiva y no solo en el área de la pericia, asumir un caso sin tener una visión clara de los elementos que se incluyen en el caso, está destinado al fracaso debido a que se estará trabajando a ciegas. Esto permite desconfiar justamente del perito que lleve a cabo el peritaje, es de suma importancia conocer todos los elementos del caso, de esta forma se pueden obtener resultados consistentes y fiables. 

3. Sobre los instrumentos de evaluación. Es importante que las herramientas e instrumentos que el perito utilice para la búsqueda de información y dar respuesta a lo demandado sean pruebas que gocen de criterios científicos, así como también las pruebas que realmente vaya a necesitar y que se ajusten al caso a trabajar, evitar de ese modo aplicar pruebas que nada aportan para los resultados. En palabras de González (2019),

es frecuente observar una sobre exposición a pruebas innecesarias y/o que no contemplan el estudio de la simulación/disimulación o sobresimulación de síntomas(párr. 04).  

En este caso, es necesario resaltar al menos tres recomendaciones que hace la Comisión Internacional de Test (ITC), estas son: (a) Elegir las técnicas adecuadas para los objetivos de la evaluación; (b) No aceptar cualquier test recomendado (interés comercial); y (c) asegurarse de que es adecuado en el contexto forense.

4. Con relación al informe. En su redacción, utilizar mucho tecnicismo no ayuda y tampoco es útil, por lo que es de suma importancia que los hallazgos, resultados y metodología utilizada estén plasmada de forma clara, concisa, concreta y cortas. De este modo que los receptores puedan comprender con más facilidad el contenido del informe. Se sugiere de igual modo que dicho informe no sea ni muy largo ni muy corto.

En el mismo tenor, el apoyo bibliográfico es elemental para sustentar las conclusiones a las que se han llegado, aunado a esto, González (2019) lo señala como uno de los errores comunes en materia forense, 

“la falta de apoyo bibliográfico en las conclusiones, metodología utilizada, con notable ausencia de referencias bibliográficas que doten de cientificidad al informe” (párr. 12). 

Todo informe que carezca de apoyo bibliográfico estás sujeto a dudar de su validez y confiabilidad, debido a que no existe un punto de referencia que permita constatar los hallazgos, y esto no resulta útil ante una pericial que, por hecho, una de las características que define al informe es que debe de llevarse a cabo con los datos suficiente para poder ser replicable o contrastable por otros evaluadores, por otros peritos.

5. Inferir o utilizar términos como imputabilidad, inimputabilidad, semi-imputabilidad, estos son conceptos jurídicos de índole legales, y aunque son de base psicobiológica, al mencionarlos se estaría en cierto modo, induciendo a favor o en contra, y es competencia del Juez, y únicamente del Juez pronunciarse a conclusiones científicas que emitimos como perito, por tanto, el perito debe de ser cuidadoso en las palabras que menciona o hace referencia, limitarse a responder las preguntas que les haga como se mencionó anteriormente, pero sin hacer inferencias, y mucho menos hacer juicio de valor.

Referencias

González, S. I. (03 enero, 2019). Principales errores observados en las periciales e informes psicológicos-forenses. [Linkedin].  https://es.linkedin.com/pulse/principales-errores-observados-en-las-periciales-e-gonz%C3%A1lez-sarri%C3%B3

Comisión Internacional de Tests (2016). Directrices Internacionales para el uso de los tests. Colegio oficial de psicólogos.

martes, 12 de septiembre de 2023

Neurotransmisores; Un acercamiento a la conducta suicida, violencia y agresividad

 Carlos M. Marte Ortiz, M.A.

Foto: Shutterstock. (Tomada en Graciani, 05/2020)

El medio ambiente representa el espacio de interacción con el reino animal, el mismo se estructura de constantes cambios y un sinfín de informaciones que determinan el accionar del individuo. Estas informaciones son interpretadas por el cerebro, órgano responsable de regular, manejar y transformar toda información del exterior e interior del organismo.

Todo esto es posible gracias a la interconexión de cientos de miles de millones de células denominadas neuronas que permiten el funcionamiento óptimo del cerebro, por tanto, sin la interacción de estas neuronas el órgano del cerebro muere, de esta forma no existiríamos. Pues bioquímicamente el resultado de estas conexiones son los que rigen la conducta humana, lo que somos.

Cuando dos neuronas se comunican entre sí, surgen lo que se denomina una sinapsis, y como resultado de esta sinapsis nacen o se desprenden moléculas llamadas neurotransmisores, los encargados de transmitir la información a las diferentes áreas del Sistema Nervioso (SN). En palabras de Ramírez (2006) “Son mensajeros químicos almacenados en las vesículas sinápticas de una neurona, los cuales, tras su liberación, se dirige a otra sobre la que influyen para que se lleve a cabo una reacción química determinada” (p. 53). Estos juegan un papel fundamental en la regulación de nuestra conducta.

Pero específicamente, en la conducta agresiva ¿Qué papel juegan los neurotransmisores y cuáles están más relacionados con este comportamiento destructivo del ser humano? Las diferentes investigaciones en los últimos años han evidenciado que los neurotransmisores, noradrenalina, dopamina y serotonina influyen directamente en el comportamiento agresivo, siendo la serotonina el más estudiado.

Es importante tomar en cuenta que la nivelación de los neurotransmisores está influenciado directamente en base a la alimentación y la dieta asumida, pues una dieta alta o baja en el activo especifico de una de estas moléculas inducen la inhibición o activación de la conducta agresiva.

La serotonina (5-HT) conforma lo que se denomina el sistema serotoninérgico, su principal precursor es el triptófano, el cual se encuentra en alimentos como la carnes, verduras y cereales (Liévano-Parra, 2013). Lo que sugiere que una dieta alta de este aminoácido puede disminuir la ocurrencia de conductas agresivas, por tanto, una disminución en los niveles de serotonina se asocia con aumento en reacciones agresivas e impulsividad. En este sentido, individuos que suelen ser agresivos tienden a tener niveles bajos en el sistema serotoninérgico, algunas poblaciones que padecen algún tipo de psicopatología son más propensas tales como, el trastorno límite de la personalidad, las psicopatías, trastorno bipolar en su fase I y en plena euforia, así como en ciertos trastornos psicóticos con rasgos impulsivos, en estos individuos suelen encontrarse una disminución del sistema serotoninérgico, caracterizando a la vez, cierto grado de impulsividad.

En el mismo sentido, la serotonina, de acuerdo a los hallazgos de diferentes estudios ha demostrado tener un papel fundamental en personas con historial suicida producto de una depresión severa, lo que sugiere en muchos de los casos un tipo de agresión autoinfligida, en este sentido, la agresividad se canaliza internamente hacía sí mismo, a través de conductas “acting out”, y algunas veces llegando a consumar el suicidio, en estos caso se ha evidenciado  que se encuentran niveles muy bajo de serotonina.

Lo que sugiere que en tanto a la conducta agresiva e impulsiva la serotonina funciona como inhibidora de la misma, esto permite en cierto modo reducir y controlar los comportamientos violentos o agresivos en individuos que presenten factores de riesgos muy marcado, el papel de la psicofarmacología, a través de la ingesta de fármacos recaptadores de serotonina ha permitido sustentar esta relación entre ambas variables.

Tomando en cuenta de que popularmente la serotonina es el neurotransmisor de la felicidad, la desnivelación del mismo induce a cambios comportamentales en el que enmarca, la desesperanza, la impulsividad, la agresión, la alegría, y justamente la poca voluntad para vivir, por tanto, al disminuir los niveles de este sistema, neuroquímicamente puede esto explique la conducta internalizante agresiva, hostil y violenta hacía sí mismo (mayor probabilidad de suicidio).

Como se indicó anteriormente, no solo la serotonina tiene relación directa con la agresividad o la conducta agresiva, también se sustenta la participación de la dopamina, la misma tiene gran participación en la respuesta sexual humana, la elevación de sus niveles o sistema domaninérgico, tiene gran influencia en la estabilidad del estado de ánimo y la alerta. Pero uno de los indicadores que caracteriza el sistema dopaminérgico es la recompensa del placer, debido a que es el encargado de regular la gratificación interna del cerebro, por lo que actividades muy altas en este sistema en personas con tendencia agresivas reactivaría la agresión y puede darse como un mandato para generar placer como reforzador. 

La noradrenalina es otro de los neurotransmisores que influyen en la conducta agresiva humana, el sistema noradrenérgico se caracteriza por participar en la lucha o huida ante eventos que represente amenaza para el organismo, un aumento en los niveles de noradrenalina induce a la irritabilidad, los estados ansiosos, presión sanguínea, escapar del dolor, etc., por lo que en cierto modo predispone a la persona hacia una agresividad impulsiva o reactiva.

En correlación de estos sistemas neuroquímicos, se puede observar que la disminución de los niveles de serotonina, en conjunto con el aumento de los niveles de la noradrenalina y dopamina están estrechamente vinculadas en la etiología de agresión y violencia, favoreciendo desde este foco la aparición de la misma en la persona, tanto de forma directa, indirecta, como impulsiva y a mediana escala de forma predeterminada.

Lo que significa que la serotonina funciona como inhibidor de la agresión y la impulsividad. El aumento de la actividad serotoninérgica reduce la hostilidad y la impulsividad; la reducción o disminución aumenta la frecuencia e intensidad de las reacciones agresivas y antisociales.

A modo de mención, no son los únicos neurotransmisores que están relacionado al comportamiento agresivo, existen otros, que tienen una connotación clásica, pues inicialmente se asoció el MAO que resultó ser el primer indicador biológico investigado, los sistemas GABAénergicos los cuales influyen en la inhibición de varios modelos de agresión, de igual forma, el sistema colinérgico que parece aumentar la agresividad.

Referencia bibliográfica

Liévano-Parra, D. (2013) Neurobiología de la agresión: Aportes para la psicología. Vanguardia psicológica. 4 (1). 69-85.

Ramírez, J.M. (2006) Bioquímica de la agresión. Psicopatología clínica, legal y forense. 6 (43-66).


jueves, 17 de agosto de 2023

Psicópata: Características y crímenes

Carlos M. Marte Ortiz

Psicólogo clínico / Neurocriminólogo



Nota: Imagen tomada del personaje de ficción 

que da vida al Dr. Hannibal Lecter en la novela El Dragón Rojo interpretada por Anthony Hopkins

La humanidad en parte del recorrido de la historia ha abarcado personajes con mentalidad totalmente retorcida y macabra en lo que respecta al comportamiento humano, las cuales han moldeado una forma de criminalidad que evoluciona y que acapara la atención de las ciencias jurídicas y sociales. Personajes como Jack el Destripador (siglo XIX), Ted Bundy, David Berkowitz ‟El Asesino del Calibre 44” (siglo XX) [víctimas preferencial mujeres], Jeffrey Dahmer ‟El Carnicero de Milwaukee (siglo XX), Fritz Haarmann ‟El carnicero de Hannover (Siglo XIX - XX) (víctimas preferencial hombres), así como Richard Chase, ‟El Vampiro de Sacramento” (Siglo XX), y por otro lado, Dennis Nilsen The Kindly Killer, Andrei Chikatilo La Bestia de Rostov, Ed Gein El Carnicero de Plainfield[Necrófilos], toman un punto de referencia que define, perfecciona y describe a los denominados asesinos seriales o psicópatas criminales. Pero antes que estos personajes, en el siglo XVIII en Santo Domingo se presume la existencia del primer asesino en serie del Nuevo Mundo llamado Luis Beltrán, mejor conocido como ‟El Comegente llamado así debido a que se tenía la sospecha de que era antropófago [puesto a que sus víctimas no aparecían completas, y con señales de quemaduras como si hubiesen pretendido asarle], fue nacido libre en Jacagua o en Guazumal, secciones de Santiago de los Caballeros, y se le atribuyó 56 víctimas personales, de las cuales 29 fueron víctimas mortales y 27 heridos que lograron sobrevivir a sus agresiones, más los incendios, daños a cosechas y animales que rodean todos sus crímenes (Bircann Sánchez, 2010).  

La poca información que se conoce del ‟Comegente”, viene de manos del historiador Don Manuel Ubaldo Gómez mencionado en su; ‟Resumen de la Historia de Santo Domingo”, así como también por parte del padre Pablo Amézquita en La Vega, y Don Casimiro Nemesio De Moya, informaciones que en la actualidad, siguiendo a Bircann Sánchez (2010) permiten bosquejar un perfil criminológico de quien seria el primer asesino en serie ‟dominicano” (señalado entre comillas y cursiva, habida cuenta de que el Estado dominicano, y por tanto sus nacionales, surge el 27 de febrero de 1844). A diferencia de los asesinos seriales o psicópatas criminales mencionando hasta ahora, las víctimas por parte de ‟El Comegente” no marcaba diferencia poblacional ya que se incluían niños, mujeres y hombres.

Otro asesino serial, en una época más reciente y un poco más selectivo pero parecido al ‟Comegente” se da a conocer en Venezuela el 12 de febrero de 1999, que de acuerdo a su relato al momento de ser interrogado por parte del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial confesó:

“Por necesidad me he metido en esta vaina. No me arrepiento, al contrario, me alegro porque me gusta la carne. Lo único que no me da apetito son las cabezas, manos y patas de los seres humanos, pero me los comía en sopita cuando azuzaba el hambre”. Cazaba a sus víctimas con una barra metálica, las descuartizaba, guardaba las partes que se comía para cocinarlas y enterraba lo demás, que según sus declaraciones le “producían indigestión”. Era selectivo en su menú: sólo mataba hombres “porque saben mejor que las mujeres”. (Tomado literalmente de Bircann, 2010, p. 52).

Si bien el objetivo de este análisis no es la descripción de la vida de estos criminales, que acapara uno de los ejes centrales del mundo de la criminalidad, nos da un panorama que permite distinguir y visualizar el lado primitivo y central de la psicopatía criminal, siendo este el comportamiento típico de este tipo de individuo.  

Y si bien, estos psicópatas datan de diferentes siglos [XVIII, XIX, XX], en general, el comportamiento psicopático no solo abarca este lado del mundo criminal, sino que se extiende a otras esferas del crimen y que en la actualidad se enfatiza con más claridad y minuciosidad la línea de acción bajo el parámetro de la psicopatía y sus sub-derivaciones. 

El psicópata representa el sujeto que alimenta la dimensión comportamental/afectiva de la psicopatía como concepto. Desde la esfera social se percibe como uno de los peores predadores de la humanidad. Dado esta denominación social, es de gran importancia señalar algunas de las características que más definen al psicópata como un acercamiento a los distintos crímenes que de éstos pueden surgir. Pero antes se considera importante esclarecer una realidad que define a gran parte de estos individuos, como señala Robert Hare psicólogo experto en psicología criminal mediante una entrevista por parte del divulgador científico Eduart Punset en su programa Redes, menciona pautas que definen al psicópata sin limitar su amplitud o alcance ya que de forma sutil, estos permanecen en todas las esferas de la sociedad [este tipo de comportamiento introduce un tipo de psicopatía; que define al sujeto como psicópata integrado o subclínico], por lo que se hace necesario resaltar y esclarecer que no todos matan, ni sus delitos o crímenes inclinan hacia la violencia sangrienta o macabra, incluso, muchos no comenten delitos pero su comportamiento se contempla fuera del plano ético (Garrido, 2004), en palabras de Hare, no todos tienen obligatoriamente conductas violentas, lo que significa que adoptan un repertorio de conducta muy amplio que les permiten actuar o desempeñar muchos papeles con el denominador común de que todas sus acciones mantienen un componente depredador (Hare, s.f), en pocas palabras, induce sufrimiento en los demás.


Por tanto, tomando en cuenta todo esto y a modo de conocer un poco más, a continuación se señalan cinco de sus características tratando a la vez de asociar posibles crímenes o delitos cometidos por este tipo de individuo:  


 

1. Suelen ser muy buenos manipuladores: Lo que indica que son expertos en mentiras, calculadores y fríos, suelen manejar para su conveniencia todo su alrededor con el fin de lograr sus metas, suelen estar detrás de fraudes financieros, distorsión y estafas, lavado de activo, fraudes electrónicos, violencia de género.


2. Falta de empatía: De acuerdo a la literatura, representa ser una de las características centrales de los psicópatas, significa que no son capaces de ponerse en el lugar de los demás, pero, más de forma emocional que intelectual, esto sugiere que pueden actuar sin preocuparse en cómo repercute emocionalmente sus acciones en la víctima, los tipos de crímenes o delitos que se derivan de esta característica suelen ser diversos, con gran amplitud y más allá de la imaginación racional, por tanto, se pueden señalar de forma tentativa (asesinatos violentos y macabros, torturas físicas y psicológicas, delitos sexuales y perversión [necrofilia], descuartizamiento, secuestro y privación de la libertad, sicariato, ejecuciones a sangre fría, terrorismo etc.).

3. Falta de conciencia y de remordimiento: Estas dos características en conjunto con la mencionada anteriormente, “la falta de empatía”, suelen estar estrechamente relacionadas entre sí, tanto que, a modo personal, las sitúo como una tríada que no permite distinguir los límites del accionar del psicópata. Por tanto, muy probable estén presente en la ejecución de los diversos crímenes mencionados hasta ahora. Al denotarse una falta de conciencia y falta de remordimiento, los crímenes suelen ser muy violentos, más si se acompañan con un tipo de firma criminal específico (propio de asesinos en serie), así como un modus operandi ya firmemente estructurado.

4. Sentido de grandiosidad: Es otra de las características que definen al psicópata, pues, en su mayoría se siente superior a los demás, detrás de este sentido o necesidad se oculta un accionar que perjudica al otro, por lo que suelen ser comunes los delitos violentos, mientras más letal más significativo, y mientras mayor es el número de víctima más grande es su posición psicosocial como psicópata. Pero sus crímenes no solo inclinan hacia ese tipo de violencia y agresión, sino también a diferentes esferas como; estafas, desfalco, tráfico de drogas, tráfico de órganos, trata de blanca, mafia, etc.

5. Falta de miedo o de ansiedad. La inexistencia de una angustia personal es otra de la característica de índole personal que define a los psicópatas, lo que explica la neutralidad de estos individuos ante situaciones que suelen ser fuera de contexto, su accionar criminal suele darse en ambiente de alto riesgos como en juego de azar, a través de estafas, robos, asaltos. También pueden darse secuestros, delitos sexuales, asesinatos y homicidios etc.

A modo general, las diferentes características que definen al psicópata suelen manifestarse en conjuntas en diversos crímenes, una más que otra según la dimensión del delito, pero en estos individuos un crimen no será movido por una sola característica. Ante una agresión sexual como, por ejemplo, podemos ver, falta de empatía, de conciencia, y de remordimiento, así como también la ausencia de temor, pero a la vez un aumento del ego o sentido de grandiosidad.

A modo de ejemplo, para concluir, se consideró necesario rescatar el relato por parte de Vicente Garrido entrevistado en el programa Redes de Eduart Punset, quien describe parte del primer caso documentado en el que se aplicó el perfil criminológico Caso de Ferrandi, relata el momento en que el agresor describe el hecho de su primera víctima; 

tiene un primer contacto, la invita a subir al auto, sube voluntariamente y la lleva, y en una zona específica la golpea para dejarla inconsciente para controlarla, y posteriormente cuando ya se encuentra en una zona pantanosa, un lugar sin posibilidad de ser observado y ni que la joven reciba ayuda, la ata y la hace caminar, y en un momento determinado donde él considera que el cadáver de la joven permanecerá ahí por mucho tiempo, lleva entonces acabo su crimen., un crimen que conlleva un componente de control, de escenario, de preparación, y justo, esta sensación por vez primera entiende para lo que ha sido llamado convirtiéndose así en un asesino en serie. (Garrido, s.f).

En este caso, se puede asociar las diferentes características expuestas anteriormente, pues al ser su primera víctima, el asesino no mostró empatía alguna, se denota también la ausencia de conciencia y la falta de remordimiento en cada uno de sus actos, en el mismo plano, esa angustia personal no estuvo presente como suele aparecer en una persona normal, y por otro lado, justo este primer crimen representó el detonante motivador que lo llevó a convertirse en un asesino en serie aumentando así su sentido de grandiosidad, por el éxito obtenido, pero sobre todo el deseo interno de marcar un récord y dejar un sello personal (firma del criminal) que lo eleve a una posición preferencial en la esfera criminal y que despierte el interés en los agentes de investigación criminal especializada.  

 

 Referencias

Bircann Sánchez, J.C. (2010). Estudios sobre Criminología y Derecho Penal. Editora Centenario. Ministerio Público.

Garrido, V. (2004). Cara a cara con el psicópata. Editorial Ariel.

Garrido, V. [PetroShore Compliance] (s.f). La mente del psicópata Robert Hare hable en Redes con Eduart Punset.   [Video] Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=Ph0flBz_rlE

Hare, R. [Alemar Psicológos]. (s.f). Psicópatas – Robert Hare (Redes). [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=h2wYybxlOf0&t=12s

Hare, R. [PetroShore Compliance] (s.f). La mente del psicópata Robert Hare hable en Redes con Eduart Punset.   [Video] Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=Ph0flBz_rlE

sábado, 10 de junio de 2023

La mente del violador: Un análisis del documental y su respuesta mediante el programa Control de Agresión Sexual (SAC)

Carlos M. Marte Ortiz
Psicólogo - Neurocriminólogo

Los delitos contra la libertad sexual, denominado agresión sexual, generan un tipo de aversión muy marcada en la sociedad. Los sujetos que cometen este tipo de delito se les conocen como agresores sexuales, delincuentes sexuales, depredadores sexuales. Y ante la sociedad, hay un rechazo total, cuando se habla de agresión sexual, ya que las personas agresoras están pasando una barrera ética, social y legal que son inquebrantables.

Estos sujetos suelen tener necesidades especiales, las cuales les inducen a cometer la agresión, y compensan mediante el sexo ilícito aquellas carencias de corte emocional y cognitivo, mediante la satisfacción de poseer a la fuerza a la víctima. Ya que la mayoría de estos sujetos suelen llegar a tener la percepción de que no existen otras formas disponibles para obtener esa gratificación, y justo, este tipo de percepción nos permite tener un acercamiento al modo en cómo funciona la mente de estos agresores, pues se evidencia un marcado esquema de pensamiento distorsionado o disfuncional.

Las víctimas en este caso, la mayoría quedan marcadas de por vida, persistiendo para siempre aquellas secuelas psicológicas como producto de la agresión sexual.

Dado esta demanda, se hace prioritario el desarrollo de programas específicos dentro de los centros penitenciarios, que se enfoquen en dar respuesta a este tipo de conducta, y se pueda de este modo alcanzar la finalidad de la pena, que es lograr la reinserción y la reeducación, y ofrecer herramientas para evitar o reducir la reincidencia. En este caso, se propone el programa SAC (Control de Agresión Sexual), el cual ha demostrado ser eficiente para el manejo de este comportamiento delictivo.

De acuerdo al documental La mente del violador, la implementación de este programa ha permitido reducir los niveles de reincidencia a este tipo de delito a un 4 %, por lo que, de acuerdo a las afirmaciones de los especialistas, uno de cada cinco violadores sin tratamiento vuelven a reincidir en la agresión, aquí radica la importancia del uso de estos programas.

Estos datos, de forma más detallada se indican a continuación:

En un estudio llevado a cabo por Redondo, Navarro, Martínez, Luque y Andrés (2005; citados en Uliaque Moll, 2017), mostraron que tras un seguimiento de 4 años de reclusos que habían pasado por el programa SAC solamente reincidieron por delitos de agresión sexual un 4% (en el grupo control, no tratado, reincidieron un 11%). Pero independientemente de la efectividad del programa, queda un vigente riesgo, y de esto están consciente todo el equipo de funcionarios que componen el sistema penitenciario que trabajan directamente con estos agresores, en palabras de Navarro lo que hacemos es gestionar el riesgo, y tratamos de gestionarlo lo mejor posible (min. 41.)

El programa SAC adopta un enfoque de corte cognitivo conductual, representando una de las intervenciones psicológicas que más auge ha tenido en los últimos años, debido a su eficacia y validez. Estos se basan en la modificación de aquellos patrones de pensamientos distorsionados que en este caso se han relacionados con la conducta sexual agresiva, de este modo, modificar esta conducta agresiva. En este caso, es un programa aplicado en la población penitenciaria, para aquellos que han cometido algún delito de agresión sexual, y consta de 200 sesiones las cuales se trabajan en grupo e individual durante dos horas por sesión.

Este programa se estructura en varias fases de intervención, las cuales se dividen en dos grandes bloques:

1.    La toma de conciencia.

2.    La toma de control.

En el primer bloque se abarcan un conjunto de intervenciones que comprenden temas, tales como; mecanismo de defensas, introducción a la restructuración cognitiva, análisis de la historia personal, conciencia emocional, empatía hacia la víctima, entre otros.

El segundo bloque abarca intervenciones que comprenden temas como; distorsiones cognitivas, estilo de vida positivo, educación sexual, modificación del impulso sexual, prevención de recaída etc.

Pero dentro de todo este conjunto de intervenciones, también se hace necesario desmontar mitos sobre los agresores sexuales, estos nos permiten conocer más a esta población, y de este modo intervenir, y fomentar políticas educativas, y de acuerdo con Navarro (2008), uno de los mitos de la sociedad es que entienden que todos los agresores sexuales son enfermos mentales, y es lo contrario, suelen ser muy pocos como afirma el autor.

En cuanto a la intención real de participar en estos programas María José Valera (véase min. 38: 40 del documental) cuestiona el elemento de que muchos de los que participan en este programa lo hacen para la obtención de beneficios y no por el interés de tener una rehabilitación social real, lo que, en este caso, amenaza el sentido de reinserción en estos individuos, pero no todos llega a concluir el programa, y esto aumenta el riesgo de reincidencia.

A modo de conclusión, el programa SAC persigue el objetivo de mejorar las posibilidades de reinserción y de no reincidencia del sujeto que ha cometido algún delito hacia la libertad sexual, mejorando la eficacia de sus habilidades y aptitudes psicosociales. Pero una de las grandes limitaciones que se tiene es que no todos los centros penitenciarios ni en todos los países se incluyen estos programas específicos, dejando la apertura de que en muchos privados de libertad con pena de delito hacia la libertad sexual no se rehabilite este patrón de comportamiento específico y corra el riesgo de reincidir en el mismo delito, marcando de por vida a futuras víctimas.  


Referencias

Documania TV.  (2008). La mente del violador. [Video]. https://www.documaniatv.com/social/documentos-tv-en-la-mente-del-violador-video_0fe79824a.html

Navarro, J.C. (2008). La mente del violador. [Video]. Documania TV https://www.documaniatv.com/social/documentos-tv-en-la-mente-del-violador-video_0fe79824a.html

Uliaque Moll, J. (14 noviembre, 2017). El programa de control de la agresión sexual: así funciona este tipo de tratamiento. [Blog]. Psicología y mente. https://psicologiaymente.com/clinica/programa-de-control-agresion-sexual

Los muñecos anatómicos como instrumentos de ayuda en la entrevista de niños abusados sexualmente

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